Pastos congelados, rebaños hambrientos
Para los habitantes de Mongolia (Asia), las temperaturas de menos 30 grados centígrados no son inhabituales en el invierno; sin embargo, en el invierno pasado, las condiciones climáticas fueron particularmente desastrosas. Los dzuds, como se conoce localmente a estos fenómenos, son verdaderas catástrofes para la población, pues más de un tercio depende del ganado para su sustentarse y, cuando se produce un dzud, millones de ovejas, cabras, camellos, caballos, vacas y yaks mueren de inanición.
Los pastores mongoles distinguen tres tipos de dzud: el «dzud blanco», que se presenta en forma de nevadas intensas que impiden que los animales accedan al forraje de invierno; el «dzud de hielo o de hierro», que se produce cuando cae lluvia congelada que aísla el pasto bajo una capa de hielo impenetrable; y el «dzud negro», que ocurre tras un verano seco, en el que los rebaños consumen todo el forraje disponible y, luego, con la llegada el frío invernal, mueren de hambre. Aunque los dzuds no son inusuales, un testigo directo afirma: «Según los pobladores, se trata del invierno más frío de los últimos treinta años. Los rebaños y los pastores no son los únicos que han sufrido las consecuencias, sino también la población en general, que tiene dificultades para localizar fuentes de calor». En enero y febrero, las temperaturas descendieron a menos 48 grados centígrados y el Gobierno de Mongolia declaró el estado de calamidad en 12 de las 21 provincias del país. El ganado de los pastores no solo les proporciona carne y leche, sino también ingresos en efectivo generados por la venta de lana de cachemira y de combustible en forma de estiércol seco. Además, poseer ganado les concede prestigio social y constituye la herencia familiar. Al perder sus rebaños, las familias se ven forzadas a migrar a los centros urbanos, pero ni los pastores ni el mercado laboral de Mongolia están preparados para afrontar dicha situación.
La intensidad del dzud de este año se ha visto agravada por otros factores. En efecto, las explotaciones mineras han reducido el acceso a las zonas de buenos pastos y el cambio climático ha acelerado la desertificación. Además, el aumento del número total de cabezas de ganado ha ejercido una fuerte presión en las zonas de pastoreo disponibles. Mientras que tradicionalmente se cortaba y almacenaba la hierba en el verano a modo de provisión para afrontar los duros meses invernales, hoy en día los pastores tienen dificultades para encontrar suficiente forraje y almacenarlo para el invierno.
Lejos de Mongolia, en el norte de Suecia (Europa), los pastores de renos samis también han sufrido inviernos rudos con mayor frecuencia. En los últimos seis años, tres inviernos han causado catástrofes debido a lo que se conoce como «tjuokke», es decir, el aislamiento de los pastos bajo una capa impenetrable de hielo. Cuando esto ocurre, rebaños completos de renos mueren a menos que se les traslade rápidamente a otros lugares o se les alimente con piensos industriales. Según un informe del Gobierno sueco, las difíciles condiciones invernales serán cada vez más comunes a medida que el cambio climático se acelere. Al igual que en Mongolia, las opciones con las que cuentan los pastores samis para afrontar las condiciones inclementes de invierno se han reducido peligrosamente debido a la competencia de la explotación minera y forestal, la energía hidroeléctrica y la expansión de las zonas urbanas, que ocupan cada vez más sus tradicionales zonas de pastoreo invernales. El cambio climático no hará más que agravar la difícil situación de los pastores samis.
¿Las comunidades que conoce están afrontando condiciones climáticas inhabituales o extremas que pueden estar relacionadas con el cambio climático?
¿Las opciones para adaptarse se ven limitadas por restricciones sociales o medioambientales adicionales, como en los ejemplos de Mongolia y Suecia antes mencionados?
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Fuentes:
1. Father E. Viscardi, «Mongolia: The ‘dzud’ that kills», Missionary International Service News Agency (MISNA), 2010, disponible aquí (en inglés).
2. M. Roué, «‘Normal’ catastrophes or a harbinger of climate change? Reindeer-herding Sami coping with disastrous winters in northern Sweden», En: UNESCO (en preparación), Indigenous Knowledge and Changing Environments.
3. Imagen: © UNESCO/Setboun, Michel. Niños mongoles cargando cabras jóvenes en la tundra después de una granizada




