La sequía del delta del río Tana, Kenia
En los últimos meses, el foro «En primera línea frente al cambio climático» ha recibido contribuciones valiosas con respecto al tema «Primeros efectos», por lo que hemos decidido seguir publicando más discusiones sobre este tema.
«En agosto de 2007, el cauce del río Tana cambió debido a la fuerte sedimentación provocada por la erosión de su cuenca», señalan Geoffrey M. Riungu y Joan Otengo de Kenia (África). «La situación ha empeorado debido a la reducción sustancial del caudal del río, por el menor aporte de los afluentes, y a la velocidad de evaporación, causada por el aumento de la temperatura. Quienes sufren las consecuencias son los agricultores de los pueblos Boni, Bajuni, Wakone y Wasanya, que practican una agricultura de subsistencia, y los pescadores de las comunidades minoritarias Malagote, que dependen de las aguas del río para la irrigación y la pesca. En la actualidad, conforme se va secando completamente el cauce del río Tana, las comunidades que viven río abajo se enfrentan al hambre y carecen de agua limpia para uso doméstico.
Los humedales del delta del Tana, ecosistemas esenciales de los que dependen muchos habitantes ya que sirven como terrenos alternativos durante las estaciones secas, se están convirtiendo en humedales estacionales y otros ya se han secado completamente. Dicha situación ha afectado el nivel de vida de la población local, especialmente el de los pastores, que han perdido prácticamente rebaños enteros debido a la persistencia de los periodos secos. Además, los agricultores han observado por primera vez la salinización de sus tierras de cultivo, lo que probablemente se debe al aumento del nivel del mar y la deforestación de los manglares.
La flora y la fauna tampoco se han librado de los efectos del cambio climático. Los conflictos cada vez más comunes entre los humanos y la vida salvaje en la zona son prueba de ello. En efecto, mientras que herbívoros y carnívoros invaden las aldeas en busca de agua y comida, ciertas comunidades de pastores y agricultores, como los grupos minoritarios Watta, han empezado a practicar la caza y la recolección en zonas silvestres. Lo que está en juego es la preservación de la flora y la fauna que en la actualidad están sometidas a demasiada presión.
Irónicamente, los medios de vida de los grupos minoritarios del delta del Tana también se han visto amenazados por las oportunidades que ha brindado el Protocolo de Kioto a través del mercado del carbono y los planes de captación de carbono. Debido a la falta de seguridad jurídica de sus tierras, estos grupos están siendo desplazados mientras que el gobierno y sus socios en materia de desarrollo aprovechan la situación para ejecutar proyectos turísticos. Dichos proyectos están siendo maquillados con componentes estratégicos y poco transparentes relacionados con la producción de energía limpia y la creación de empleo para la población local que no ha recibido formación o ha sido poco informada sobre dichas innovaciones tecnológicas. Por ejemplo, se ha propuesto convertir más de 100 hectáreas del delta del Tana en zonas de producción azucarera extensiva y plantaciones de “jatropha” que serán utilizadas para producir etanol y diésel ecológico. Es probable que las comunidades locales no reciban ningún beneficio de las plantaciones ya que siempre han sido excluidas de los procesos relativos a su medioambiente. Asimismo, miles de grupos indígenas minoritarios tendrán que desplazarse debido a los proyectos y sus tradiciones, que son el fundamento de la unidad comunitaria y actúan como fuente de esperanza e inspiración en épocas de catástrofe, se deteriorarán. Además, las plantaciones impedirán que los grupos indígenas den otros usos a dichas tierras para cubrir sus propias necesidades.
Los grupos indígenas de delta del Tana se apoyan en sus conocimientos tradicionales para revelar catástrofes a su alrededor. Sin embargo, el carácter impredecible de las condiciones climáticas locales, como la temporada de inundaciones o de plantación, combinado con la falta de conocimientos científicos, hacen que dichos conocimientos tradicionales resulten inadecuados. No obstante, se trata de conocimientos primordiales para su supervivencia psicológica, socioeconómica y ecológica.
Por todas estas razones, sugerimos que se consulte a los grupos indígenas antes de empezar cualquier tipo de negociación relativa a proyectos de captación de carbono o de carburantes ecológicos. Además, proponemos que las intervenciones destinadas a hacer frente al cambio climático, particularmente, la aplicación del Protocolo de Kioto, sean guiadas por principios éticos y el respeto de los derechos civiles y democráticos de las categorías desfavorecidas y marginalizadas».
Lea más sobre el delta del Tana, aquí (en inglés). Lea más contribuciones al tema «Primeros Efectos».
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