En respuesta a nuestro último envío donde comentábamos sobre el Delta del río Tana en Kenia, Etiosa Uyigue describe los desafíos a los que hacen frente las poblaciones que habitan el Delta río Níger en Nigeria (África), hogar de aproximadamente 25% de la población nacional. Entre 1960 y 1970, un incremento del nivel del mar de 0.462 m fue registrado a lo largo de la costa Nigeriana (debido principalmente al hundimiento local de la costa). Ya se han podido observar inundaciones en las zonas bajas de la región del Delta del Níger, y con los impactos ocasionados por el cambio climático, los problemas ocasionados por la intrusión de agua salada en las fuentes y ecosistemas de agua dulce aumentarán destruyendo consigo a sistemas de equilibrio como el de los manglares y afectando a la agricultura y la pesca así como a todas las fuentes de subsistencia en general. Con el incremento de un metro del nivel del mar, el Delta del Níger podría perder más de 15,000 km2 de tierra hacia el año 2100, mientras que al menos 80% de la población será desplazada. Al mismo tiempo, Nigeria ha sido testigo de la disminución de lluvias desde comienzos de los años 1960s y los agricultores ya no pueden predecirlas, ni saber cual será el momento más apropiado para las siembras. El calendario agrícola suele comenzar al fin de la estación seca con la caída de las primeras lluvias, entre los meses de Marzo y Abril, cuando se siembran los cultivos. Después de la primera lluvia, las precipitaciones deberían caer periódicamente hasta los meses de Junio o Julio, momento cuando alcanzan su punto máximo. Las lluvias que caen durante el periodo previo al punto máximo son necesarias para el óptimo rendimiento de muchos cultivos. Sin embargo, debido a que el ciclo de lluvias ha cambiado, los agricultores pierden una gran parte de sus cultivos cuando siembran después de las primeras lluvias, ya que estas se retrasan debido a las variaciones climáticas.
Me molesta oír constantemente a los medios de comunicación y expertos más importantes en la materia hablar sobre los primeros impactos del cambio climático global en las pequeñas islas y sus poblaciones, exclama Faustino Yarofaisug de los Estados Federados de Micronesia (Pacífico Norte). Es como si durante las mareas bajas las islas fuesen botes amarrados al fondo del mar y que cuando la marea monta el nivel del agua subiese pudiendo eventualmente inundarlos, siendo el abandono de los botes única opción posible. Aún cuando esto podría tener sentido, esta no es la amenaza más importante para la supervivencia de los pueblos de los Pequeños Estados Insulares y sus culturas. Antes que el nivel del mar sobrepase finalmente el nivel del suelo o el de las orillas de los atolones, las personas ya deberían haber abandonado sus países y hogares en búsqueda de un nuevo hogar en un país desconocido. La preocupación más grande es la pérdida del agua dulce disponible en los subsuelos de las islas y que son la base de todas las formas de vida. Conforme el agua salobre se extiende y el agua dulce se pierde, las plantas alimenticias que han sido la fuente de vida de estos pueblos morirán haciendo de estas islas lugares inhabitables. Este proceso tiene lugar antes que se puedan ver olas, ya sean grandes o pequeñas, inundar las islas y que estas sean declaradas inundadas y sus poblaciones las primeras víctimas del cambio climático.
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