¿Abundacia o escasez de lluvias?
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«Hace un mes, la sequía fue un tema predominante en la televisión, y en los últimos quince días, amplias zonas del país han sido inundadas», cuenta Kavita Khanna de Nueva Delhi, India (Asia). «Además, el monzón ha sido impredecible e incierto, y ha traído, o bien precipitaciones tardías que han retardado y puesto en peligro la siembra, o bien precipitaciones intensas repartidas en diferentes zonas, que dejan augurar su escasez en el futuro. Las variaciones regionales también han sido desproporcionadas, como lo demuestra la sequía que ha golpeado las tierras húmedas del norte y los arrozales de Punyab y Haryana. Es probable que se trate de un monzón distinto que nos muestra los cambios provocados por el cambio climático.

Es por eso que dichos cambios deben ser tomados en cuenta para el futuro. Hace falta que aprendamos rápidamente cómo fortalecer nuestra política de aguas, teniendo en cuenta dos grandes cambios: la creciente variabilidad de las lluvias y el grave aumento de las necesidades de agua. ¿Qué podemos hacer al respecto?

En primer lugar, necesitamos una misión distinta que nos permita adquirir conocimientos sobre el agua. Dicha misión debe hacer uso de los dispositivos de medición más sofisticados, como satélites o sensores de aguas subterráneas, destinados a informar a las personas afectadas por cambios producidos en el agua. Además, su diseño debe permitir que los agricultores y las familias reciban rápidamente la información generada. Debe tratarse del servicio meteorológico más grande del mundo y con la mayor difusión.

En segundo lugar, debemos crear un plano de los recursos hídricos de cada pueblo, ciudad y fábrica. Cada pueblo debe disponer de un mapa de sus pozos con sus niveles de agua correspondientes, y conocer de cerca todo lo que suceda en sus acuíferos. Además, los mapas de sus canalizaciones de aguas pluviales deben figurar en sus municipios locales o en las escuelas, de modo que todos comprendan que la lluvia es un recurso de gran valor que debemos aprovechar. Sin embargo, para lograrlo, tendrán que producirse grandes cambios en nuestro modo de actuar. Actualmente, por ejemplo, se considera que las aguas subterráneas usadas para la irrigación son un recurso de menor importancia, pese a que son utilizadas por la mayor parte de la población rural y urbana de India. Además, se ha invertido muy poco en determinar el número de pozos existentes, y aún menos en definir el nivel de sus aguas y su calidad. En efecto, el agua es extraída de dichos “agujeros negros” sin ser analizada.

Los organismos gubernamentales encargados de la gestión de aguas subterráneas miden la profundidad de pozos que no son utilizados regularmente, pero no cabe duda que en esta era de cambios, no hay más alternativa que instruir a cada pueblo sobre los recursos hídricos.

En tercer lugar, el plan local de seguridad del agua debe convertirse en la base de los futuros gastos de desarrollo. Muchos hablan de un sistema descentralizado que aproveche cada gota de agua… Ha llegado el momento de llevarlo a cabo.

En cuarto lugar, es crucial que nos enfoquemos en la demanda y no en el abastecimiento. Actualmente, los planes y las propuestas del gobierno nos proporcionan muy poca información sobre las cantidades de agua de las que disponemos. Muchas estimaciones no son claras, y omiten mencionar que, si hay un excedente, éste se encuentra en las cuencas internacionales de los ríos Ganges y Brahmaputra, zonas a las que el país tendrá poco acceso, y menos aún a sus localidades.

Seamos claros. El agua tiene que ser asunto de todos, y salir de una vez por todas de las mentes arcaicas de los ingenieros que solo piensan en construir grandes estructuras para aumentar el abastecimiento.

En quinto lugar, debemos revisar la gestión del agua y de los residuos en nuestras ciudades. Aquí tenemos una oportunidad real. Actualmente, el agua proviene de pozos cada vez más profundos, por lo que el costo que supone la extracción es alto, y las pérdidas de distribución son enormes. De este modo, las ciudades solo pueden abastecer solo a algunos, y terminan reforzando una política, y un ciclo, de escasez y abundancia de los recursos hídricos. Pero, comprendamos mejor el asunto. El problema no es el abastecimiento de agua, sino su distribución a todos. Si las ciudades elaboraran un solo programa para garantizar el abastecimiento mínimo de agua para todos indistintamente, se podrían impulsar políticas, ya que se controlaría el suministro y se aplicarían precios basados en el consumo y el costo por el tratamiento de las aguas residuales. De este modo, los ricos de la ciudad empezarían a pagar el precio “real” de su consumo, y las políticas se encargarían de reducir costos, y hacer que el abastecimiento y la distribución del agua sean más accesibles. Entre tanto, la ciudad aprendería a valorar sus aguas y sus sistemas para recargar sus depósitos de aguas subterráneas, ya que esto les permitiría ahorrar gastos y evitar pérdidas en las tuberías o por bombeo.

En sexto lugar, la prioridad de la agenda debe ser reutilizar y reciclar cada gota de agua. En lugar de invertir en opciones costosas, como la desalinización del agua del mar, debemos preocuparnos por convertir cada litro de aguas residuales e industriales en aguas tratadas que se puedan destinar a la agricultura, o incluso al consumo humano, si reciben un determinado tratamiento.

Para concluir, considero que la escasez, la disponibilidad y el uso del agua deben convertirse en una obsesión para el país».